Crónicas de 1968

Era un gran día, aunque estuviera nublado, esperaba paciente al lado de un árbol en el centro hisórico, esperando a que dieran las 3.

Después de varios minutos de espera, me percaté de la ausencia de tiempo que tenía y que en menos de 10 minutos debía llegar a Tlatelolco. Me encontraba ya a media cuadra de Tlatelolco, cuando una eran ya las 3:45. Un grupo de jóvenes se encontraba reunido en la zona con discursos de oposición.

"El gobierno capitalista nos está abduciendo a las tinieblas..." Mencionaba un wey de no más de 20 años, el cual no dejaba de recitar la misma frase. Por un momento me desconecté de la gran masa humana que conformó el frente de la tarima montada por los weyes de la manifestación, me desconecté porque no consideré importante ni lógica en su totalidad, pues, solo repetían madres sobre las tinieblas y cosas del estilo.

Me quedé viendo el cielo unos minutos, sin embargo; solo era lo mismo de siempre, un cielo deprimente que  lloraba en silencio por los eventos que posteriormente sucederían.

Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, comenzaron a sonar balas que seguían a cada chavo manifestante acabando uno a uno por arte de magia. Pregunté que pasaba y solo veía señalaron la luz roja creada a base de una bengala demostrando el inicio de un asalto.

Unos corrieron a los apartamentos de ahí, sin embargo, fueron rodeados u flanqueados por policías con guantes blancos.

Prontamente me fuí dirigido a la parte trasera de un coche, pues encontré refugio  temporal para evitar las balas.

Escondido en una de las partes del auto, me moví a una esquina del auto para divisar lo que estaba ocurriendo, y fué en el momento de voltear donde me quede congelado por no más de 10 segundos.

Me helé y  solamente veía el grupo de jóvenes cayendo lentamente, creando un pequeño charco escarlata por caída, y en un momento espontáneo, me encontré en el piso; derribado por otro wey que intentaba salvarme de una muerte segura. Busqué correr al otro lado de la calle  y escapar del lugar, pero aunque escapara sabía yo que nunca olvidaría ese horrible acontecimiento, pues era algo nunca experimentado por mi ingenua y joven mente. 


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