Todo el mundo habla de falacias, pero poca gente comprende al detalle su significado. Existe un uso habitual del término en el que es empleado como sinónimo de ‘mentira’, pero se trata de una práctica que, aunque extendida, no se identifica con lo que los actuales estudiosos de las falacias aceptan como tales. No es estrictamente necesario que una falacia sea una mentira, aunque pueden emplearse como herramientas útiles a la hora de mentir.
También hay un significado habitual, ya más especializado, que las identifica con deducciones lógicas erróneas. Esta acepción del término fue muy habitual en los albores del estudio de las falacias, y, de hecho, fueron los lógicos formales los primeros que se hicieron cargo de ellas. Pero este primer intento fue un auténtico fiasco. Lo fue porque la lógica formal se centra en las características puramente sintácticas de los argumentos, dejando de lado la importancia de los aspectos semánticos de los mismos

Para un lógico formal es lo mismo decir
1) Si llueve, entonces las calles se mojan.
2) Ha llovido.
3) Luego, las calles están mojadas.

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