Análisis sobre la tauromaquia



Primeramente, se dará una definición de que es el análisis crítico del discurso para posteriormente relacionarlo con la definición de tauromaquia de la cual surgen dos análisis: el análisis del discurso de la tauromaquia positiva y el análisis del discurso de la tauromaquia negativa.

El análisis del discurso es una disciplina de las ciencias humanas y sociales que estudia sistemáticamente el discurso escrito y oral como una forma del uso de la lengua, como evento de comunicación y como interacción, en sus contextos cognitivos, sociales, políticos, históricos y culturales. Los distintos acercamientos al discurso, tanto en el plano teórico como metodológico, pueden clasificarse desde criterios desde criterios diferentes (García, 2002: ).

Es un término que dentro del Diccionario de la Real Academia Española consta como “el arte de lidiar toros” (2001: 1455). La lidia como la conocemos en la actualidad nace en el siglo XVIII, cuando se abandona el toreo a caballo para realizarlo a pie (Todo Sobre España, 2009), siendo éste el punto de partida para la “fiesta brava”. Bien sabido es que las corridas de toros acarrean consigo años de tradición y cultura que se ven reflejados en el fortalecimiento de las relaciones humanas (Sabios del Toreo, s.f./2009) y en la creación de obras artísticas de toda índole (López, 2007 y  Molina, 1998).



Relacionando al análisis del discurso y el termino de tauromaquia se puede decir que la tauromaquia es utilizada como un punto de interacción, contextos sociales, históricos y culturales. En el toro se da una interacción con el humano ya que debe haber está entre ambos para que se pueda dar una buena conexión, para que haya confianza tanto del toro hacia el torero como del torero hacia el toro y poder tener una buena jugada o un buen espectáculo. En la cuestión histórica y cultural bueno hay mucho que decir ya que cada jugada que se da con un toro deja una historia diferente y esta historia se va construyendo desde el siglo XVIII, lo mismo es en cuestión de la cultura y de lo social por ello surgirán los dos puntos de análisis: el análisis del discurso de la tauromaquia positiva y el análisis del discurso de la tauromaquia negativa.

El análisis del discurso taurino positivo: Durante mucho tiempo la fiesta taurina fue el espectáculo de masas más popular en España, de ahí, su denominación de “fiesta nacional”. A partir de la segunda década del siglo XX, el deporte, que ya polarizaba la atención de muchos españoles, comenzó a ser una alternativa al tradicional espectáculo. El primer deporte (fiesta brava) que llevó a los aficionados en número importante a los recintos deportivos (Fútbol, boxeo, etc..) se presentó como una contraposición a los valores del toreo. El deporte (fiesta brava) fue, en cierta manera, utilizado por algunos sectores sociales que pedían cambios a la sociedad española, como bandera de modernidad ante el tradicional casticismo español, representado entre otras aficiones, por los toros. En el verano de 1915, se programó en Madrid una competición de lucha en un ruedo madrileño. Los comentarios sobre este acontecimiento aparecían en Heraldo Deportivo bajo el título de “Luchadores en la plaza de toros”: “Enorme triunfo de hacer que una representación de cultura física transponga el spoliarum de caballos y de los toros españoles. Acaso el día en que los circos taurinos de toda España pasaran a ser estadios de deportes atléticos, fuera el primer día de la regeneración auténtica de nuestro pueblo. Lejano por desgracia está este día, pero todo requiere principio. Nosotros anticipamos que acaso se arrepientan, algún día, los empresarios de toros de haber dejado apoderarse de la candente arena á los hercúleos campeones greco-romanos” (Heraldo Deportivo, nº 8, Madrid, 1915, p.8). Los años veinte fueron de auge para el deporte espectáculo en España, también lo fueron para la fiesta taurina, que llegó a la cima de su popularidad como espectáculo; esto se demuestra en la cita siguiente: “La década de 1910 –escribe el historiador J.P.Fusi- en la que compitieron los toreros José Gómez Ortega (Joselito), muerto por un toro en Talavera en 1920, y Juan Belmonte, significó la época dorada del toreo. La asistencia al espectáculo era extraordinaria. Los grandes toreros toreaban cerca del centenar de corridas anuales. Las revistas y periódicos taurinos eran numerosísimos. En 1926 había en España 160 ganaderías y cerca de 400 plazas de toros (la de Barcelona, con capacidad para 25.000 espectadores). Pocos libros tuvieron tanto éxito como Sangre y Arena, la novela de tema taurino que Blasco Ibáñez publicó en 1907” (FUSI, Juan Pablo, Un siglo de España, la cultura, Marcial Pons, Madrid, 1999, p.27). Así como estas citas hubo muchas al momento de que la fiesta brava empezó a tener una historia he importancia significante en España para después distribuirse en México, Colombia, Venezuela, etc.

Los aficionados no acuden ni mucho menos a la plaza para presenciar dolor y sufrimiento. Ni esperan ver morir al torero, ni disfrutan con la muerte del toro. Van a contemplar un ritual en el que el toro y torero tienen su propio espacio en una circunferencia; en la intersección, en el cruce de líneas, está el peligro, la emoción y la trascendencia del juego. Todo en sí es una liturgia, una jerarquía de valores, una especie de credo que lógicamente se acata de manera voluntaria. Y es precisamente el público, el espectador taurómaco quien “aplica” y exige ley y reglamento taurino y, lo más importante y que no recoge la jurisprudencia, ortodoxia y tratados de tauromaquia. Los primeros se responsabilizan de evitar el fraude y el maltrato del animal; los segundos, la búsqueda de “la verdad”. Normativismo y ética son las dos varas de medir con las que la afición mide y juzga, y muy duramente, al torero.



El análisis del discurso taurino negativo: la prohibición de las corridas en Cataluña en 2010 (aunque ya se habían prohibido en Canarias en 1991); se ha planteado en otras comunidades españolas la posibilidad de imitar al Parlamento catalán y prohibir la tauromaquia. El mismo movimiento en contra de las corridas de toros empieza a cobrar fuerza en Hispanoamérica, por lo menos en aquellos países en los que todavía se practica el toreo (Colombia, México, Perú, Venezuela y algunos países centroamericanos). A continuación, se darán a conocer unas frases muy escuchadas al momento de esta en protesta contra los taurinos: “¡Toros sí, toreros no!”, “¡La tortura no es arte ni es cultura!” o a hacer un performance en el que los manifestantes simulan, con sus cuerpos semidesnudos, ser toros cubiertos de sangre y con banderillas clavadas en el cuerpo. Es sorprendente que una institución tan dramática y arcaica no haya recibido mayor atención de los estudiosos psicólogos y, en especial, de los psicoanalistas. La censura de la fiesta brava no venía motivada por una consideración del sufrimiento animal ni nada por el estilo, sino por razones muy humanas: se invocaba principalmente el peligro y el daño que sufrían los corredores y eventualmente el público, aunque también se aludía a la ociosidad a la que contribuían, el despilfarro que suponían y la perniciosa mezcla de estamentos nobles y populares, de hombres y mujeres, que tenía lugar en la plaza.

Los poderes públicos no sólo toleraron manifiesta y ampliamente las corridas, sino que las regularon, promovieron y organizaron en multitud de ocasiones. Estos espectáculos estaban arraigados en la realidad social del país con la suficiente profundidad como para sobrevivir a los paternalistas intentos de supresión impuestos por minorías eclesiásticas o ilustradas en contra de los deseos de la abrumadora mayoría. En casi todos los casos lo que se obtiene de negativa respecto a la fiesta brava o corrida de toro es en conclusión el maltrato animal, la puesta en riesgo del humano, y a veces la de los caballos en cuestión de que sea una corrida o fiesta brava con rejoneador, se tiene la idea de que con huelgas van hacer entender a la gente lo que esta bien y lo que está mal para la prohibición de a fiesta brava pero no, lo que alguna gente no entiende es que esto viene de nuestros antepasados y es tomado como historia y tradición.

Primeramente tengo que aclarar que mi punto de vista hacia la fiesta brava no es ni buena ni mala, que simplemente tengo ideas neutras, y la conclusión que llego al recopilar la información dada en la parte de arriba es que una corrida de todos es mas que matar a un toro o poner en riesgo la vida de un hombre o mujer sea el caso, es más una tradición una historia que se forma por cada toro que pasa por un ruedo, por una plaza, y el honor de un torero en el caso, de poder matar a un toro de lidia, son emociones que se sienten y mas cuando llevas toda tu vida viéndolo o te lo inculcan, se me hace absurdo que en un lugar como España lleguen a prohibir o a protestar por que se acabe eso si es el principal punto en donde se crearon y que gracias a esas partes se pudo traer a México y a diferentes partes del continente. Pero también no se me hace justo que para tener una historia se tengan que implementar o usar a los toros como medio de entretenimiento, como también no se me hace justo que se prohíban ya que toda la gente que vive de eso se quedaría prácticamente en la calle y no creo que todos los que protestan por que se acabe esta tradición les paguen todo lo que gana cada torero por corrida, es algo prácticamente imposible si tomas en cuenta a todos los toreros que pueda haber en el mundo; otro punto es que todos los que se dedican a torear, algunos si es por elección, pero otros es por que se les inculca desde chicos el mundo de la tauromaquia y en cierta forma al ser aficionado pues creo que lo más típico es ser o hacer tu formación como torero, es como si toda la vida tu familia se ha dedicado a el futbol y te vuelves un aficionado, obviamente o eso creo que querrás seguir sus mismos pasos y quieres ser futbolista; es exactamente lo mismo solo que si hay que aceptarlo en el mundo de la tauromaquia se involucra a animales y a humanos, pero creo que es un punto que se debe de averiguar mas a profundo…….



BIBLIOGRAFÍA:

Garcia Mario, (2002). “El análisis critico del discurso: una nueva perspectiva”, Universidad de león, facultad de filosofía y letras. Consultado en línea: file:///C:/Users/ximen/Downloads/Dialnet-ElAnalisisCriticoDelDiscurso-2161069.pdf [consultado el 10 de mayo de 2018]

Londoño David y Frias Ladis, (2011). “Análisis crítico del discurso y arqueología del saber: dos opciones de estudio de la Sociedad”, ISSN 0122-8285 Volumen 14 Número 1. Consultado en línea: http://www.scielo.org.co/pdf/pacla/v14n1/v14n1a07.pdf [consultado el 10 de mayo de 2018].

Rivero Antonio, (2005). “Los orígenes del deporte y la fiesta taurine”, Universidad Europea de Madrid. Consultado en línea: http://www.cafyd.com/HistDeporte/htm/pdf/2-31.pdf [consultado el 11 de mayo de 2011].

Rivera Julia, (s.f). “Filosofía y Tauromaquia: conocimiento, comprensión y razón”, consultado en línea: https://www.taurologia.com/imagenes%5Cfotosdeldia%5C1845_ensayo__filosofia_y_tauromaquia.pdf [consultado el 11 de mayo de 2018].



Hunt Winslow, (2005). “Sobre la corrida de toros”, Revista de Estudios Taurinos N.º 19-20, Sevilla, 2005, págs. 147-166. Consultado en línea: file:///C:/Users/ximen/Downloads/Dialnet-SobreLaCorridaDeToros-5130508%20(1).pdf [consultado el 10 de mayo de 2018].





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